Cierro los ojos.
Ante mi, hay una calle bulliciosa con humanos, máquinas y animales caminando de un lado a otro. Tuberías colgantes sujetan luces artificiales que iluminan este gran mercado. Todos los puestos tienen a seres comprando sus mercancías. Se nota que es una gran urbe.
La imagen cambia.
Flechas, humo y fuego. Una combinación letal que inunda el aire. Los defensores intentan resistir como pueden, luchando con uñas y dientes evitando que la muralla ceda. Si aún no cae, es gracias a los estandartes que hondean en los puntos altos y al general que se mantiene firme, sin vacilar, elevando la moral a límites más allá humanos. Si algo le pasase, los defensores perderían las ganas de vivir y la muralla caería.
Entre gritos, mi mente vuela a otro escenario.
Estoy sentado en una cafetería muy tranquila y la más famosa de la ciudad. El ambiente de la terraza es tan relajante que tienes ganas de cerrar los ojos y descansar durante horas. Aquí, sirven una gran variedad de cafés, tés e infusiones de casi todo el país. Te sientes como en casa.
Suspiro fuerte. Abro los ojos.
Muchos mundos imaginarios que me sirven de inspiración.
Alexis Martínez Carril