“Si tenés alguna sensación de que el viento mueve tu pelo soy yo otra vez pensando que te estoy despeinando. Vos échale la culpa al viento…”
Mismo lugar distinto sitio, tiempo atrás ella vivía en la tranquila Montevideo hoy menos tranquila;
Ella era una joven soñadora, muy sensible, el tipo de persona que resguarda sus opiniones, quizás por miedo al qué dirán. Quizás encadenada a su timidez o a sus inseguridades, le costaba horrores exteriorizar sentimientos, guardando sus secretos bajo dos almohadas y una frazada.
Amante de los perros, detestaba a los gatos reviviendo la batalla más añeja de nuestros tiempos; las diferencias.
En sus tiempos libres le encantaba andar en bicicleta y cantar era su pasión, la música esa que ella decía que todo movilizaba.
Si vamos a una descripción más profunda era una mujer simple, una palabra difícil de describir, pero podría tranquilamente haber sido un estandarte viviente de ese término, refiriéndolo no a lo simple como algo negativo si no que, resaltando los valores de la sencillez, la espontaneidad, la ingenuidad y la humanidad entre tantos otros.
Esa simpleza la elevaba por esos tiempos, ella no se maquillaba, su belleza espiritual se reflejaba en su rostro resaltando toda esa naturalidad que ningún maquillaje podía resaltar, en esos años la hacía única, lo expresaba en su forma de vestir; una especie de hippie chic o preferentemente mejor adjetivada una hippie cheta, no buscaba ni quería sobresalir. Involuntariamente lo hacía.
Y no estoy hablando de Montevideo, aunque pareciera…
Leonardo Carlos Sosa Muzlera