Es la calle Ancha llena de naranjas agrias y de viejas casas reformadas.
Es la Alameda, con sus bancos y su templete donde la banda de música toca sus acordes. El olor a dulces recién elaborados. Los niños con sus bicicletas y las niñas con sus muñecas. Las mujeres con sus parloteos.
Es mi calle, que sigue siendo de comadres, de sillas en la puerta cuando el calor de verano aprieta, que da igual Levante o Poniente.
Son mis salinas, mis esteros, mi Cerro con su Ermita. Su calle peatonal repleta de ultramarinos y tiendas ya pasadas de moda.
Ahora, en la distancia, mi Isla está presente. Su color, su calor, su luz. Su Camarón «rompiéndose la camisa «.
Milagros León Benitez.