La finca vecina a mi casa es un inmenso potrero sin vegetación, tiene una casona con cubiertas rotas y muros desquebrajados, allí tienen un extenso pastizal, vacas, caballos y unos cuantos perros; los dueños nunca vienen y los cuidadores se mantienen trabajando, se les ve caminar por allí y por allá, con las vacas; una vez, con mis amigos, encontramos un lugar al otro lado del muro de piedra que bordea la finca, nos metíamos y nos quedábamos un buen rato hablando y molestando, pero siempre nos encontraban y nos sacaban a tiros o lanzaban a los perros, semanas después volvíamos a saltar el muro de piedra; no sé por qué nos gusta tanto el otra lado, donde siempre nos ven y nos sacan a tiros; una noche, hablando con un amigo, llegamos a la conclusión de que tal vez se debía a que en las urbanizaciones vecinas aún no nos sacaban a tiros, pero yo sigo pensando que es porque en las pequeñas habitaciones de nuestras casas no hay espacio ni para una vaca y mucho menos para un caballo…
Jonathann Hadher Lozada Avila