Noche, estrellas arriba, estrellas abajo, La Paz, y nada más, en la soledad de calles descendentes como cascadas, que no llevan agua, sino hombres y mujeres de un cansancio duro como piedra, de felicidad suave y cálida cubierta por un cascarón de tristeza, quebrándose va, pero no cae. Voy al encuentro de mi hogar entre hermosas vistas, obras de un artista sin pago, un día las piernas dirán basta, y ya no podré salir.
Roger Dennis Fernández Escóbar