Los nacidos en cualquier rincón del mundo, siempre dice que su pueblo es el más lindo y maravilloso de este planeta. Yo no soy la excepción; y como podría serlo, si mi terruño es un pedacito del cielo aquí en la tierra.
Nací en San Juan Nepomuceno. Un pueblo enclavado en el valle de los Carretos, en la convulsionada región de los Montes de María.
No puedo negar que, en una época, la violencia recorrió nuestros predios de una manera salvaje y despiadada; pero eso hace cosa del pasado.
Ahora, somos un paraíso terrenal. El paisaje que nos rodea es indescriptible por su belleza y variedad, mostrándose en su máxima expresión en el Santuario de Flora y Fauna de los Colorados. Un lugar maravilloso donde el rey es el mono colorado, y los súbditos, los demás animales.
Las calles se engalanan con el contorneando sensual de nuestras mujeres que salen a mostrar su belleza y señorío a propios y extraños. Dicen, las malas lenguas, que tiene el poder de hechizar a los hombres con su mirada; pero sobre todo con sus palabras que son como los susurros de los tres arroyos que nos circundan. Y si por casualidad llegas a probar sus labios rojos, quedaras prendido a ella hasta la eternidad, y seguramente sellaran su amor en la iglesia Central, la misma que nos protege desde lo alto de la loma.
Cuando nos visites, pregunta por Trino, el Brujo. Quizás, él te hable de porqué nos dicen los “come micos”.
Jairo Alfonso Ramos Jimenez