Desde muy joven, manifestó interés en conocer la historia de los alcázares y las costumbres y tradiciones de la época feudal. Visitó los principales castillos. Fascinado por uno de ellos, se enteró de que buscaban un guardián, se ofreció y fue aceptado.
Abría el castillo y se retiraba a una de las alcobas de la servidumbre que no era visitada por los turistas. Finalizado el horario de visitas, salía de la habitación y cerraba la reja de entrada.
Descubrió que varias de las llaves que le habían entregado, abrían las vitrinas donde se exhibía la ropa usada en esa época. Finalmente no pudo controlar la tentación de probarse las distintas vestimentas.
Un día franqueó la entrada vestido con las más suntuosas galas de caballero feudal y recibió a los turistas con una reverencia desde lo alto de la escalinata. Condujo al numeroso grupo a través de las estancias mientras narraba la historia del lugar, de sus luchas contra los musulmanes.
Llegó al castillo un grupo de actores para representar una comedia, donde el mayordomo de la fortaleza se casaba con una sierva. En el momento que el sacerdote se disponía a consagrar la unión, irrumpió en escena y, arrastrando a la mujer de un brazo, la llevó hasta la torre del homenaje , donde intentó violarla. Finalmente, los mismos actores lo dominaron, acudió la policía y quedó detenido.
Fue internado en un instituto psiquiátrico. Se lo puede ver transitando por los jardines musitando entre dientes, “era mi derecho”.
Ariel Alberto Díaz