Mientras me alejo de la línea amarilla que hay pintada en el suelo, el tren se va acercando a la estación. Después de que haya frenado por completo se abre la puerta y entro. Sentado me quedo, mirando por la ventanilla como se va a alejando el cartel de la parada poco a poco. Es curioso como todas las historias tienen un comienzo, pero no tantas tienen la suerte de tener un final.
José Manuel Expósito Andújar