Un lustro había transcurrido desde que le comentó que su palacio tendría que ser algo parecido a aquella residencia que usaba en los momentos de desesperación aquella famosa princesa, más conocida por las películas de amor que por su verdadera historia, como suele ocurrir normalmente.
Hacía tiempo, su mirada de esmeralda, incrédula ante la insistencia de ir personalmente a contemplarlo in situ, y ante la expectativa de tener que dar una respuesta para calmar sus ansias por conocer su decisión, pareciendo indicar un soterrado comentario que albergaba el mensaje de una propuesta alocada, dio paso a un asentimiento con su cabeza que ladeaba despacio, queriendo dar una respuesta que aprobaba la petición.
Corcira, ese rincón del mundo, tan admirado por tantos y tan desconocido para quienes ni se imaginan que a día de hoy se le conoce con el nombre de Corfú, es el recinto que alberga el palacio de descanso de Sisí a unos pocos kilómetros de la capital, y anhelante de que sus pies tocasen aquella tierra, Elena, como la feacia Nausícaa, ardiente en deseos por descubrir a su Odiseo, insistía año tras año a Antonio en la visita al Achilleion.
Con las brillantes esperanzas del nuevo año y siendo el primer deseo pedido a la primera de las uvas del incipiente mes, volvió a las andadas de sus peticiones. Antonio, con una mirada inusual y con la pretensión de agradar a la joven, le ofreció un viaje a Alicante, que quedaba más cerca.
Elena Coelho