¿Quién hubiese podido decir que una pedanía pudiese dar para tanto? Para Gertrudis su pedanía le parece el lugar más mágico del planeta. Ella creció en una familia sin hermanos, siendo la única hija de un matrimonio de labradores. Todos los días, desde que tenía diez años, su madre la enseñó para que fuese al lavadero a lavar la ropa que cada día había como sábanas, trapos, calcetines, camisas y demás. Al principio, aquel lavadero le parecía una especie de prisión donde tenía que ir cada día del año. Un día, mientras lavaba las sábanas de sus padres, observó en el fondo del lavadero una cosa que brillaba y se dispuso a cogerla. Lo que se encontró fue una canica de vidrio en forma de ojo de gato y su brillo era mágico. Desde aquel día, la usaba como amuleto y siempre pedía lo mismo, llegándosele a cumplir. Pasados los años, siguió conservando dicha canica y, hasta la fecha, era su objeto más preciado. Ahora, a sus ochenta y ocho años, Gertrudis recuerda que lo que siempre pidió, se le cumplió en dicho lugar. Allí se encontró con su marido, tuvo su primera experiencia sexual, su hija Nina dijo mamá por primera vez, donde Tomás le comunicó que iba a ser abuela… Hace dos días, allí le dio a su nieta la canica y le dijo que, en este lugar, siempre se cumple lo que realmente el corazón anhela. Por esto, siempre dice que vive en el lugar más mágico.
Carlos Cortés Ventura