Siempre quisimos viajar a esa mágica ciudad de la sabiduría, mitad anhelo, mitad realidad, esa ciudad que tu y yo siempre soñábamos y donde jamás estuvimos. Nuestro deseo era ser parte de su onírica existencia, mi deseo era imbuirnos de tanta belleza y comparar su perfección con la tuya.
Soñábamos con ese viaje, que de tan anhelado que lo sentíamos se hacía muy irreal, pero no lo era, y nos preguntábamos, ¿la belleza es irreal?,…
Los dos queríamos ir, ambos queríamos descubrir esa ciudad en nuestro pensamiento, pero yo no pude encontrarla en mi mente. Y entonces fue cuando me di cuenta que no estaba preparado. Sin embargo tu me miraste en silencio, comprendiendo mi falta de compromiso, descubriendo mi indiferencia, adivinando mi temor a sumergirme entre tanta belleza.
Pero un día, era muy bueno para viajar, aunque parece que muy malo para vivir, tu, mi amor, te fuiste a un otro viaje sin retorno. Decidiste partir sola, y yo, aun no podía acompañarte, por lo que te fuiste sin mí. Sin decirme adonde ibas, sin decirme que necesitabas buscar tu “Shangri-La”, para esperarme allí, hasta que algún día, cuando mi temor desapareciera, lograra salir en tu busca y llegar junto a ti, para que pudieras enseñarme todos esos amaneceres de belleza que sin vivir, ya los sentíamos.
Francisco J. Barata Bausach