En la punta más al sur del continente hay una playa desierta y en la punta de la playa, sobre las rocas, se levanta un antiguo faro y en la punta más alta del faro vivo yo.
Vivo porque tengo un escritorio, papel y un lápiz. Con punta. También hay una ventana. Entonces me levanto a las ocho en punto y me pongo a escribir. Para no morir. Pero no sé lo que escribo. Mis ideas se me quedan siempre en la punta de la lengua. Entonces el lápiz se desplaza solo y nervioso haciendo unos garabatos que no entiendo hasta quedarse sin punta. Yo nunca tuve sacapuntas, pero si me duermo y me levanto al otro día a las ocho en punto, el lápiz me espera con una punta puntiagudamente buena. Entonces ahí sospecho que no soy yo el que escribo sino que más bien estoy siendo escrito por alguien. Alguien que nunca fue a Usuahaia, no conoce la playa y le tiene miedo a las alturas pero tiene un escritorio, papel y un lápiz. Con punta.
Juan Morales Trujillo