Era una casa antigua, olvidada por el pasar de los años y descuidada por la muerte de sus dueños. Oculta entre árboles ya crecidos y pastizales salvajes que la rodean, suele mostrar una fachada tétrica, de paredes ya desteñidas, tablas corroídas por la lluvia, ventanales de vidrios quebrados y un techo a medio sostener.
Por dentro, un piso podrido, de tablas húmedas y quebradas. Un interior lúgubre, de rincones ya olvidados, hogar para arañas e insectos. Sin puertas en buen estado, suena el crujir de la madera podrida con el viento, el rechinar de una ventana de marco de fierro a medio abrir, o el golpe de un tablón que cae del techo al suelo, quebrándose en el intento.
El patio, cubierto de matorrales y maleza sin cuidar, entierra a dos osamentas que datan del siglo pasado. Y las ratas, creo, hacen de este rincón del mundo, su humilde hogar.
No hay fantasmas, no se oyen almas en pena. Nada de supersticiones y fantasías. Vacía por el paso de los años, olvidada por el tiempo ya pasado.
No hay control de plagas, no hay venenos ni trampas. Es un oscuro rincón, una casa olvidada, sólo en pie sin demoler, emplazada en Orompello 334, San Fernando. Los vecinos, suelen no frecuentar visitas seguidas por ahí, no sé por qué.
Felipe Andrés Vergara Unda