Caín murió de un fulminante ataque de ternura al corazón. Consignar también que Caín fue el primer ser humano al que le hicieron trasplante precisamente de corazón. Practicada por los galenos más morrocotudos de esa remota y mítica época, ésta ha sido hasta hoy la más exitosa y perfecta de todas las operaciones de este tipo. El corazón trasplantado a Caín fue de un portentoso toro bermejo, llamado “Relámpago”, al que meses antes del fratricidio Abel le había donado uno de sus pulmones, un ojo, un riñón, parte de su sangre, un testículo y otros de sus amadísimos órganos. Del alma, parece que Abel le donó a su dilecto amigo “Relámpago” una significativa tajada; de la parte más blanda, jugosa, inmortal, sin huesos, quistes, grasa ni pellejo.
Síntesis esclarecedora: indirectamente, y ya después de muerto -obvio-, también Abel mató a Caín, con amor extremo, premeditación, alevosía y mística extraordinaria, conmovedora, ejemplar, digna -mínimo- de canonización.
Agregar que “Relámpago” significó el primer toro de lidia en el mundo. Una semana antes de ser sacrificado por los mencionados galenos, habían terminado de entrenarlo para su grandioso debut en la primera arena taurina de la humanidad, ubicada en Al-Qurnah, exactamente donde se besuquean el Tigris con el Eufrates. Todavía quedan ciertos vestigios de tan remoto ruedo, que a veces también era usado para celebrar espectaculares e inolvidables encierros, lo mismo que algunos sacrificios humanos para agradar a ciertos dioses extremadamente sàdicos.
Josè Luis Valle