He venido desde mi cabaña, de allá arriba y no he parado de imaginarte, sentada en el valle, esperando el abrazo de bienvenida. Es difícil afirmar los pasos, también lo es pensar en cómo te encontraré después de tantos años, madre mía.
En la búsqueda de “mi lugar” para apreciar esta “escapada”, que es la vida, me mudé a ese laberinto rocoso y con formas que tanto soñé, mi humilde cabaña, rodeada de nubes y pequeños duendes, me proveían de un suave bienestar que me permitía entrar en mi cuerpo y desplazar mi pluma en ese papel ajado y amarillento por tanto esperar, de allí mis mejores versos; y con el tiempo, la nostalgia hizo que regresara. Llueve y la soledad se ahoga, perece; y yo me pierdo en esa lluvia. Y no supe nunca de ese abrazo.
Norma Morell