En el parque natural de la Albufera de Valencia, vive en «libertad vigilada» la jineta, felino descendiente de aquellas mascotas domesticadas, que introdujeron los árabes en la Península Ibérica, utilizándolas para ahuyentar a los roedores de sus graneros y, los guerreros, para adornar sus monturas, valiéndose para ello, de su hermosa piel grisácea, con motas negras.
Hoy en día, a escasos diez kilómetros de Valencia, asilvestradas, viven de noche y se ocultan de día, pues es su biorritmo. Pero se sienten prisioneras, las pocas que habitan este paraje, enmarcado entre dos aguas : la salada del Mediterráneo y la dulce de la Albufera, las cuales conforman las rejas de su celda, que no es otra cosa que su hábitat : el bosque de la Devesa de El Saler.
Siempre vigiladas por sus hieráticos carceleros, los apartamentos, si quieren huir, tienen una puerta abierta a modo de trampa mortal, que cercena su instinto de supervivencia si la atraviesan : la carretera homicida.
Su desgarrador aullido, demandando libertad de movimiento, no sirve de salvaguarda para poder cruzarla, sin la posibilidad de ser atropelladas.
Se someten, inexorablemente, al macabro juego de la ruleta rusa.
Es un verdadero milagro que aún existan ahí.
José Manuel Mora Plá