En la pequeña casita de bloque y madera un hombre anciano recordaba en silencio, sentado en su mecedora descansaba tranquilo mientras contemplaba el cielo azul por la ventana, pequeñas nubes despedazadas comenzaban a tornarse amarillas anunciando al fin otro exquisito atardecer, que dichosa la vida de aquel hombre tranquilo y despreocupado, desconectado del extravagante citadino, distanciado del estridente grito de las tendencias populares y desinteresado siempre de la maratónica desesperanza por el éxito. Que suerte tiene el hombre anciano que espera en calma reencontrarse con los suyos… con quienes le abandonaron por una vida más interesante según ellos, estos a los que veía solo en fiestas decembrinas hace ya muchos años, que bueno es este hombre que a pesar de todo ello jamas se intereso por el rencor. Cae la noche y finalmente parece que algo lo perturba, se pregunta si después de tanto tiempo, a pesar de la distancia, las almas de sus hermanos ¿recordarán el camino a casa?
Kimberly Solis Castro