Solía ir hacia ese rincón, un lugar oscuro, sucio, solitario, las paredes descarnadas y el olor a putrefacción, ahí sólo había un pequeño banco individual, me sentaba y permitía que varios demonios se alimentaran de mí. Cada cierto tiempo los visitaba, algunas veces ellos me atraían, otras yo me presentaba por mi cuenta, en algún momento entendí que estaba atado a ellos, eran una parte de mi ser, nuestras existencias estaban unidas, les di nombres para poderlos diferenciar, a uno lo llamé Temor, a otro Soledad, ellos son los más grandes y fuertes, pero también están Apatía, Intolerancia, Malcriadez, Odio, Dudas, etc., son un grupo variopinto que se encargaba de, principalmente, alimentarse de mí. Durante un largo período de mi vida no supe qué hacer con ellos, cómo tratarlos.
Pero ha llegado el tiempo en el que me he dado cuenta que si bien yo estoy conectado a ellos, ellos también a mí, así que ahora paso por ese rincón para visitarlos y recordarles quién soy, me siento en el pequeño banco y los hago desfilar, uno por uno, para que se sienten en mi regazo, y con una simple mordida yo me alimento de ellos. He dejado de mirarme al espejo pensando que soy el ídolo de la historia, ahora me miro y acepto toda mi monstruosidad, no soy el héroe o el villano, soy la aberración que se disfraza de humano para habitar entre ustedes, y esos pequeños demonios, mi séquito, son mi inspiración para escribir.
Jimmy Castro