La falta de caminos hacia dificultoso el intento de alcanzar la misteriosa montaña, en la cordillerana australiana. María vivía allí, en total desamparo. Criaba aves para el consumo, sola trabajando se abastecía. Su choza incrustada en la ladera de la montaña no tenia puerta solo un lienzo cubría la entrada. Desgranaba su rosario varias veces en el día. Lo hacía mientras daba de comer a sus gallinas, patos y otras aves de corral, por la tarde recogía, los huevos cortaba algunos yuyos del huerto, del jardín. En determinadas horas del día rezaba, especialmente por las almas del Purgatorio. Sorteando diversos contratiempos haciendo camino al andar en un sendero de ripio casi extinguido llegó al lugar un periodista, exponiéndose para lograr su nota. Cuando no consiguió seguir su viaje, estaciono el auto y camino varios metros arriba tardó, casi 30 m´ en llegar; golpeo las manos varias veces y al no tener respuesta se asomó sigilosamente silbando para hacerse oír. La anciana apareció con su pañuelo naranjado en la cabeza, sin sorpresa, lo miró sonriente, lo recibió confiada, sin temor. Acto seguido contó que periódicamente, la visitaban almas que necesitaban oración. A veces gritan “Sáquennos de Aquí”. Eso me interesa: Adujo el visitante. Ella tomó el libro, se lo regaló.
Leonor Ase de D´Aloisio