Sin darme cuenta, despierto en aquel autocar. No sé si todo ha sido un sueño, o una pesadilla… Un haz de luz, a través del cristal me lleva otra vez a la realidad. La ciudad me ha sobrepasado, han sido unos años de mucho cansancio, nervios, problemas… Todo lo que se me presenta a partir de ahora, sin duda alguna, será bueno, lo presiento.
Vuelvo a mis campos, a mis tierras, al despertar con la luz del sol, a los anocheceres con el sonido de los grillos, a los veranos eternos… dejando atrás una ciudad ruidosa, impersonal, donde nadie te conoce y todos dicen conocerte.
Volver a esos atardeceres sin horarios, y sobre todo a esas puestas de sol, donde nuestro único objetivo es ver marcharse el sol tras las montañas, cuando el pastor ya se recoge con las cabras, cuando ni el simple zumbido de las abejas parece entorpecer esa tranquilidad….
Y al llegar al pueblo, bajar del autocar y volver a vivir esos momentos idílicos de hace años, de mi niñez y de mis primeros años de juventud. Solo he dejado atrás una cosa, las amarguras, los desengaños…
En ese instante el repicar de las campanas del pueblo, me hace respirar profundamente y me retorna a ese mundo ideal del que nunca tendría que haber marchado…
Es mi segunda oportunidad, no voy a desaprovecharla… Esta vez sí que se lo que quiero, VIVIR….
Montserrat Vergés Juan