Chiara quería volar al País de las Nubes.
Allí podría ver a los unicornios, acariciar sus sedosas crines y tocar sus rugosos cuernos mágicos.
Podría escuchar reír a las hadas y deslizar los dedos por sus finas alas transparentes.
Observaría de cerca a los diminutos trasgos, elfos y gnomos nubenses. Seres algodonosos que emigraron de los bosques hace miles de años. La acogerían y serían sus amigos.
Allí podría ser feliz y olvidarse de los gritos que se regalaban sus padres cada día.
Lo que Chiara no sabía, es que los únicos seres que habitaban el País de las Nubes, eran aquellos artefactos enormes con sus alas de metal a los que llamaban aviones.
Isabel María Lobato Jiménez