Entrad, doncella, en mi casa que, aunque fui hombre, ahora soy solo rana. Aquí me alzo en lo alto de una calavera olvidada. Quiso el diablo tramposo convertirme en rana tallada, apostando maravedís a que Salamanca no era ciudad ni comarca. Y en mis palabras estaba mi trampa, pues dije que con una universidad tan envidiada todo el que estudiaba se graduaba, retando a que cuando mi estudio acabara el diablo nombraría a Salamanca la más grande de España. Pero puso en mi camino vino, mujeres y amigos que impidieron ganar la jugada, y ahora soy solo rana en una ciudad castellana.
Raquel Alcalde Paniego