Allí, por el camino de Viznar a Alfacar, a las faldas de la Sierra de la Alfaguara, en la parte central de la Vega de Granada, se vino un joven poeta de Burgos leyendo los Poemas de Federico García Lorca, llorando con ese llanto que los granadinos llaman pena, no entendiendo que los que deberían tenerle respeto y amor, hablan contra él como contra todos los asesinados muertos por cantar la Libertad y el Amor.
El joven poeta, sintiendo las ruedas de una Barraca ambulante, se paró y vio que un gitano salido de una gran fiesta entre ellos, se le acercó; le estuvo mirando un buen rato, y le dijo:
–¿Por qué tanta penita tienes tú?
-Aquí he venido yo a Viznar, porque quiero encontrarme alguna huella del gran poeta Federico García Lorca desgraciado que ninguna culpa tuvo de morir fusilado.
-No creo que lo encuentres tú, pues dicen que se lo llevaron algún moro o cristiano, y le abrieron en canal para robarle su honra, su vida y su corazón.
-Ya, hermano, la deshonra no ha sido reparada, y vengo a que, en este lugar, el Poeta me inspire sonoros versos.
-No sabes tú bien qué de penita que me da con lo bien que, en su Romancero, nos había cantado. ¡Mira que no tener un sitio en esta Vega donde podamos celebrarlo ¡
-Sí que es una pena y, a la vez, una alegría, porque, aunque no se le ha encontrado, no ha entrado en iglesia.
Daniel de Culla