El tren se para en seco como de un golpe irreversible, e interrumpe mi mente que deambulaba lejos, en forma de pensamientos existenciales.En los vagones se transportan millones de historias, unas pasan desapercibidas, camufladas en la soledad, otras se manifiestan en la voz del viajero que ansía compartir su mundo interior. Algunos disfrutan de la travesía y en ocasiones, el pasajero contiguo le cuenta sus recuerdos por no contar las horas. Aún falta mucho para llegar a nuestro destino, pero el revisor nos anuncia que el viaje ha finalizado. Se había detenido el tren,justo allí, donde se terminó la vida.
María Gallegos García