La primera vez que leímos el texto nos resultó insulso y anodino a la vista, es cierto. Pero lo importante no eran sus caracteres, no se engañen, ni su significado, ni su gramática simple, ni su tosco estilismo. Lo que sabíamos que perduraría con el tiempo, era el hecho de que aquellas palabras se referían a nosotros: «Genaro Lozano Luna, amado padre». «Amanda Luque Herranz, madre abnegada».
Puede parecerles una lápida más en este humilde cementerio, pero lo que no me pueden negar es que esa tupida capa de musgo que la cubre le da un toque muy romántico y victoriano que la distingue del resto.
Alberto Puyana