Claro que habrán rincones de esos que dice el alma, “si no te importa yo me quedo aquí”, pero el mio, mi rinconcito, está aquí mismo sin salir de casa.
No se si serán los libros que tengo dentro, o la montaña no muy grande que se ve a lo lejos ¿Quién sabe? si será también por ese sillón desgastado, que me acompaña como ese matrimonio, en lo bueno y en lo malo, el caso, es que esto de vivir a las afueras de esta ciudad, que me ha visto nacer, me da las llaves y soy agradecido, a una ventana que abro a menudo, vuelven a saludarme la fila de almendros ya abandonados, pero que nunca abandonan sus flores blancas a sus ramas, el viento baila con esa alfombra, casi terciopelo que invade sin permiso el suelo de matorral, los restos de lo que fue un hogar ya cansado de tanto tiempo estar solo.
Que importa, que precisamente hoy que hablo de ti, te ha dado por pintarlo todo con esa niebla, que mis ojos quieren aclarar tu cielo, mientras esperan a la tarde, pero tu recuerdo está aquí dentro, con tu nieve en invierno y las lagrimas casi lluvia de otoño.
Si, fue un acierto, sin saberlo, que mi ventana y este bloque tan gris como mis sueños, estuvieran orientados al este y el sol de tus ojos venga a veces a saludarme.
FIN
Jose Miguel Lorente