Existe un lugar mágico que para mí es fuente de inspiración. Es espacio recóndito situado en la isla escocesa de Skye conocido como “El valle de las hadas” (Fairy Glen o Faerie Glen).
Hay que tomar un desvío desde el pueblo de Uig por una carretera de un solo carril, poco transitada y bordeada de praderas. En pocos minutos se ve la primera colina. Dejas el coche y subes hasta su cima a pie. Es entonces cuando, ante tus ojos, se abre una maravillosa imagen de montañas encogidas, un escenario de juegos para gente diminuta o un campo de recreo para algún gigante llegado de la cercana Irlanda. Hay montículos con cimas suaves y redondeadas, otros son más escarpados y sus laderas se visten de arbustos y árboles modelados a capricho del viento. De entre todos sobresale Castle Ewen. Desde su cima rocosa se divisa todo el lugar; el pequeño lago a sus pies, las cascadas perdidas en las montañas a lo lejos, las ovejas paciendo tranquilamente para llenar de realidad este paisaje misterioso. Y los círculos de piedra a cuyo centro debes acudir si quieres pedir un deseo.
Sentado allí en lo alto, el viento parece hablarte en una lengua ancestral, una lengua que no entiendes pues las hadas se esconden a nuestra vista. Es una realidad sobrecogida, como de otro mundo.
A veces pienso que es injusto no tenerlo al alcance de la mano. Otras que es mejor así, y sólo recordarlo, sólo imaginarlo.
Yeray Naga Almeida Gutiérrez.