–Con la presión sobre los hombros, reuní la tripulación.
Como mencionamos antes, la contrariedad, fue una tormenta repentina, la cual tomo el barco y sus tripulantes por sorpresa.
Tras las debidas indicaciones, dirigimos el curso a una pequeña abertura en las fauces de la bestia.
–Lo malo es que terminamos encallando en un pequeño islote de apenas 45 hectáreas parcialmente hundido.
–Mediante los instrumentos apropiados confirmamos lo peor:
–Estábamos perdidos.
Al desembarcar, un grupo permaneció reparando el barco y el otro, exploro el lugar.
Al no ser tan extenso, no tomó mucho tiempo. Reportamos lo mismo: únicamente una extensión más de tierra en medio de una porción mayoritaria de agua.
–Decepcionado camine solitariamente por la costa, una ola me arrastro a la profundidad. Esto me permitió ver un espectáculo enmudecedor.
–Mantarrayas, tortugas gigantes y ballenas; todos marcaban el contorno de la isla, como una alegre danza, cuya música era el mar.
El coral se veía traslucido a través de la superficie del agua. Fungiendo como una posada.
Debe ser una época migratoria, por ello había tanta actividad.
El hecho de que, no figure en los mapas, confirmaría esta suposición.
–Es como una dama: se muestra recatada, pero te incita con una mirada. Solo falta conocerla mejor para descubrir sus secretos –
Sus adornos sirvieron como prueba para nuestros empleadores.
–Regresamos utilizando la orientación natural de los cetáceos y, nuestra propia habilidad naval.
No obstante, esto trajo consecuencias que opacarían la belleza con la que nos deleitó aquella “lady elliot…”
Fin.
Ivan Ibáñez marcos.