Hoy el café está repleto pero él siempre tiene asegurado su rincón junto al ventanal donde escribe versos naif en servilletas. Persigue con la mirada a Venus, la camarera de sus sueños. Dos Red Bull y cuatro expresos le dan alas suficientes para entregarle una puñadito de poemas llenos de faltas de ortografía en renglones torcidos. Tras leerlos rápidamente ella le hace notar con cariño que amor se escribe sin hache. Él aduce nervioso que no importa porque la hache es muda. Ella sonríe y le escribe en la factura su número de teléfono con un veso de Benus estampado de carmín.
Jesús Francés Dueñas