Mientras me pierdo por tus calles y plazas
descubro los misterios que guardas
en cada esquina
y me enamoro de todos tus rincones.
A la sombra, bajo las ramas,
o bajo el sol, en tu luz dorada.
Los trinos en el cielo,
en el suelo, la hierba mojada
y, en lo más alto,
tu corona: Sierra Nevada.
Suenas a guitarra que canta
en un jardín escondido,
a castañuelas que ríen al aire,
y a tacones que, sobre el tablao,
recitan flamencos
los versos que te escribo.
Fresco es tu perfume de estanque nocturno
y de fuentes que susurran
entre los arrayanes.
Hueles a alegría, a historia y esplendor.
Aromas de patio, macetas y geranios en flor.
Sabes a beso de rocío
robado en la madrugada
entre limones y naranjas,
entre el azahar y otras flores blancas.
Sabor a aceitunas y berenjena,
a té verde con hierbabuena,
a delicias de miel,
pistacho y almendra.
Qué hermosa eres
ante los ojos del mundo,
eterna y radiante amada.
Belleza que cautiva los sentidos,
la de la ciudad de Granada.
Carolina Borrajo Villaverde