Necesito un descanso. Necesito oler el perfume de la soledad, de la tierra pródiga; que las flores silvestres con su virginal frescura adornen mis pasos, que los caminos encaucen mis sentimientos hacia refugios de dicha. Un florón festivo que embellecerá hogares amigos. Y enriquecerá los paisajes de los sentimientos, endulzados por el gozoso acorde de volteos de campanas y olor a folklore.
Voy a buscar cobijo en una masía. Mansión de gloria…Me la cede un amigo. Y…
… escucharé el puro gorgoteo de una cercana fuente. Sentiré la necesidad de ser feliz, solo, acompañado de rocas y tierras, de vegetación de ondulante verdura y cimbreantes y románticas amapolas.
Qué delicia ver el manso discurrir de las horas captando detalles en el regazo de una quietud silente surtida en sus lares primitivos. Alzaré la vista y vislumbraré el paso de aves, de vencejos y halcones, delineando el azul con el oleaje sincopado de sus alas.
Y mientras la noche se vaya acercando, me gustará bañarme en los colores del ocaso acotando el cielo y alumbrando mi tranquila estancia, mientras una brisa delicada girará a mi alrededor, como una exótica y escultural bailarina.
Seré un vagabundo recalado en medio de un paisaje que me ofrecerá paz, serenidad, colores y formas. Y volveré a mis orígenes con la sensación de haber vivido un sueño inolvidable, mientras el estío bruñe en mil resplandores.
Luis Gispert Macián