Como las colchas de ganchillo, las lentejas de la abuela y los juguetes de madera, mi rincón favorito tiene solera. Te ata a él sin cadenas y una vez al año hasta quema.
Mi refugio es humilde: de madera, cañas y barro; y sin embargo hay autores que lo pintaron en sus cuadros. Siempre atrae a curiosos, fotógrafos y enamorados empalagosos, pero si cierras los ojos el silencio es asombroso.
Es de color añil y dorado, aunque al atardecer su luz refleja cualquier color que en mi vida he imaginado.
A veces pienso, que como yo misma, mi refugio también es intenso. No he visto el sol más alto ni la luna más llena que aquellos días y noches en los que todo fue magia, color y verbena.
Un día mi alma viajera decidió cambiar la escena para buscar calma, amor y algo también de condena; allá donde me fui nunca hubo un rincón donde poder ahogar mis penas.
Mi refugio me espera. Vivo en la otra punta de La Tierra, pero regreso a él cuando se cansa la guerrera y anhelo encontrar paz certera.
Y así acaba mi historia, con una invitación sincera, a aquel rincón favorito que me aguarda en mi Valencia: La albufera.
Marta Lorenzo Soler