“Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé,
en el quinientos seis y en el dos mil también…”
CAMBALACHE
Aquellos hombres se sumergen en aguas de la pasión, recuerdan la epopeya perdida… la aurora pujante; en la soledad rememoran el tiempo ido, y, en las calles sus sombras persiguen los amores que algún día fueron, y hoy, cenizas son…
La luz refulge pasado, el frío carcome unos huesos hartos de la desidia y de pobreza; el viento lleva libertad, que más allá del espacio, dice: Pablo Canelos, tu nombre me sabe a libertad.
Oh! Pablo Canelos, regresa a casa, a éste Quito que te extraña con desvaríos de memoria, a esta capital que nunca más será la comunión de acuerdos y logros; de consensos y Patria; ésta ciudad que no es la misma desde que te fuiste.
Sin embargo, te siento en cada rincón: en la Ambato y Barahona; Plaza Chica, Plaza Grande; y en la Victoria, que es la tuya, porque allí me sumergí para recordarte y comprenderte; ya que tu muerte significa trascendencia por la que en el 2025 vendrá mi hija, la persona que reivindicará el espíritu cansino de los tres.
Miguel Ángel Samaniego Vinueza