Dentro:
Existe un rincón perfecto. Estratégicamente colocado entre tu escápula y el esternón. Donde encajo mi oreja de caracol, yunque y martillo, donde la cadena de huesecillos martillea y acusa el ritmo carnoso de tu corazón bombeante. Escucho el resuello hipnótico de tu respiración. El diafragma sube y bajan las pulsaciones. No existe el tiempo. Tienes la dulce indolencia de un cuadro de Balthus.
Fuera :
Llueve.
Hay un pogromo en cada esquina y un liquidador cada ciento veinte pasos.
En cada estacion hay un algoritmo para hacer descarrilar sinfonías.
Dentro:
La calefacción estaba agradable para nuestros pies fríos de caminar inviernos.
Musitabas canciones inventadas, vestías tu voz con el celofán de las grandes ocasiones y dabas tu regalo generosa como una sacerdotisa distraída.
Fuera:
Embadurnado de sueños pegajosos que se van secando y dejan costra y huella y son arenas movedizas. Y vuelan y el tiempo sopla y solo queda la ira y el orden de nuevo. Y el suelo. Y la noche.
Dentro:
Tú eres mi rincón exquisito. Déjame ser tu cangrejo ermitaño.
Jesús Francés Dueñas