Busqué la inspiración en las montañas, pero no apareció. Paseé por acantilados y playas, pero seguía sin encontrarla. La busqué en bares, librerías pequeñas, en extraños edificios y sitios olvidados. La busqué en soledad. La busqué con amigos, en sitios tranquilos y en lugares abarrotados. Caminé con una mochila al hombro, en coche, tren e incluso en barco, pero no aparecía. Me había abandonado.
Solo cuando deje de buscar, cuando le di su espacio, ella vino a mi. Traía consigo recuerdos de cada lugar que había visitado, pues en mi desesperación no me di cuenta de que ella también me estaba buscando.
Raquel Soler Rodríguez