Aquel paisaje azul era hermoso. El rayo de luz se filtraba a través del agua dotándola de diferentes tonalidades. El arrecife de coral lo llenaba todo de vida y color. Animales de diferentes especies nadaban entre los corales mientras otros se posaban en el fondo arenoso. Peces de diferentes tamaños y colores llamativos se cruzaban entre sí. Las esponjas, sobre el lecho, hacían compañía a los corales. Entretanto, las estrellas y los erizos se desplazaban lentamente por el fondo. Todo aquello componía una hermosa armonía.
Una pena que el buzo ya no prestara atención a su entorno para disfrutarlo. Solo tenía ojos para la criatura que cantaba aquella canción de cuna que lo hipnotizaba. Se acercó lo suficiente para que ella le sonriera mientras le agarraba el brazo. Después, aquel entorno idílico adquirió un nuevo color, el rojo.
Sandra Álvarez Sesma