
Todas las noches soñaba con una playa en Lanzarote. En mi sueño yo era una pequeña piedra amontonada entre piedras iguales a mí. Una más entre millones, lapilli vulgar. Nada destacaba en mi superficie porosa, mi existencia acontecía banal e insignificante, sensación que no desaparecía al despertar.
Sin embargo una noche reparé en una piedra distinta. Bueno, ¿realmente lo era o sólo me lo parecía a mí? Su silueta volcánica parecía reflejar un brillo grisazulado, sus mejillas de piroclasto redondeadas como lágrimas. Era realmente especial, aparentemente común en su grisura y no obstante excepcional. Su rostro punteado de pecas, esponjosas hasta asemejar basalto , conseguía hacerme sonreír. Sonreír por nada, por existir.
Cuento esto como algo insólito, únicamente sobre esa playa algo ha resplandecido ante mis ojos. Únicamente ahí. En la vigilia, todos los días busco y no encuentro ese brillo grisazulado.
Lapilli vulgar, tampoco nadie lo encuentra en mí.
David Villar Cembellín