Lentamente camino entre la seda que me encanta, es tan suave y blanca con aroma a rosas, paso mis manos por alrededor de su circunferencia que a tal hermosa cintura ni los mismos anillos de júpiter serían dignos.
Puedo subir o bajar en su tan delicado cuerpo, llegar desde la bella melena que a tan hermosa cabeza gobierna y aquellos ojos brillosos similares al tan profundo e luminoso cosmos.
Besar sus labios que harían desplegar el río que por toda su entrepierna haría fulgor en el universo que hay entre ella y yo.
Hacerla gemir mientras todo el mundo se calle para escuchar como el placer se cunde en su boca.
Que cuando se suba a mi entrepierna todas las mujeres del mundo le tengan envidia.
Ver como sus ojos no dejan de brillar cuando a la luz de la luna suelte un te amo.
Sebastián Ignacio Urquiola Urquiola