Para el encargado de limpiar aquella fuente de los deseos, ese lugar se había convertido en un importante rincón del mundo. Como de costumbre, recogió las monedas que los visitantes habían arrojado durante la semana y las entregó a la fundación que alimentaba a personas que dormían en la calle. La noche anterior alguien había arrojado una moneda deseando que se acabara el hambre en el mundo.
Diego Preciado