Aquí me tienes, donde nunca me imaginé pero donde, paradójicamente, mejor me encuentro. Huyendo de esa vida simulada a la que me avocaste, en un absurdo intento de maquillar tu mezquindad. Ya no hay lujo, ágapes colmados de gula, vestimentas ostentosas, solo queda austeridad, paz. Un mausoleo de almas perdidas, una cárcel de sillares, la morada románica de un fugitivo. El encierro, la privación de sueño, los programados paseos por el patio, pueden resultar mucho más liberadores y placenteros que nuestras escapadas a Bali o Seychelles, o el vacuo artificio social al que me sometías en Soto Grande. ¿Castigo? En absoluto, no se me ocurre un mejor lugar que éste.
Te dejo, tocan a maitines, el prior aguarda.
Rubén Durán García