Al verlo postrado en cama, sostenía la mirada de un niño y entre sus torpes movimientos intentaba hacer notar que se encontraba bien, cuando en realidad no lo estaba.
–Entiendo que no he sido un buen padre –le dije–. Lo intento, pero fallo cada vez.
–Sí, es cierto –afirmó mientras sonreía–. Descuida, con el tiempo lo harás bien, solo te hace falta más práctica – dijo lanzando una carcajada.
–No lo creo –sostuve, con cierta preocupación– de otra forma no estaríamos solos en esta habitación.
–Quizá no seas un padre perfecto –sentenció–, pero eres un gran hijo y a diferencia de tus hermanos siempre tienes tiempo para mí.
Contuve las lágrimas y cuando me disponía a cantarle su feliz cumpleaños, hicieron entrada en el cuarto del hospital, mi esposa y mis hijos con una gran torta, sombreritos multicolores y adornos diversos. Fue un día inolvidable.
Alex Clever Vidal Huamán.