La Albufera se está muriendo. Le faltan aportes hídricos en cantidad y calidad, sobrándole aportes contaminantes. Sus aguas dulces, antes saladas, son ahora verdes debido a su eutrofización.
¿Qué dirían nuestros antepasados, quienes se referían al lago de la Albufera como «el lluent» (el reluciente), los romanos, que lo calificaron de «estanque ameno» y «lago de las nácaras», o los propios árabes , que durante siglos lo llamaron «el espejo del sol»?.
Por otra parte, la pesca siempre ha sido abundante y variada, con una reglamentación que la ha hecho sostenible, desde los tiempos de Jaime I, pero desde la década de los 70, cada vez es más escasa.
También la Devesa de El Saler, debido a un desaforado proyecto urbanístico, a finales de los 60, estuvo a punto de convertirse en «un Benidorm», pero se paró a tiempo aquel atropello, merced a un amplio movimiento y concienciación social, bajo el lema «El Saler per al poble».
Se salvó, pero hoy en día, para salvar al lago de la Albufera, no hay lema que valga, si no una actuación inmediata, de todas las administraciones públicas y privadas al unísono, para que sus aguas vuelvan a ser transparentes y cristalinas como antaño, y así poder pescar cantidades como antes y, a su vez, para que las puestas de sol y los paseos en barca, sean aún más mágicos y espectaculares, que es lo suyo.
A quien corresponda.
José Manuel Mora Plá.