Aún puedo recordar aquella mañana, mis manos temblorosas recogían los papeles de mi divorcio, no me podía creer que toda aquella historia de amor ahora se desvaneciera entre mis manos, y vagué, vagué mucho por la ciudad entre extraños…
Hasta que mis pasos sin saber por qué me llevaron a la puerta de aquella ONG que buscaban voluntarios para Nigeria, aquel destino me parecía lejos pero quizás era justo lo que necesitaba para olvidarme de todo.
Entré casi por inercia, y cuando me dijeron que el viaje estaba previsto para Navidad no lo dudé, aquello me evadiría de aquella época festiva que tanto me recordaría a mi familia ya desecha.
Lo comuniqué a mis allegados y sin pensármelo, partí rumbo a Nigeria, y allí de pronto todo mi mundo cambió, y si debo de reconocer que los principios no fueron fáciles, un país extraño y alejada de todas aquellas comodidades a las que estaba acostumbrada, pero ellos, aquellos niños de la escuela pronto compensaron todo aquel viaje que había realizado.
Fue mi mejor navidad, me colmaron de tanto y tanto de cariño, que aquellos días pasaron demasiado rápido, pronto volvería a España, allí dejé para siempre mi desilusión y desanimo, llenándome mi mochila de de amor, de inocencia, de esa ilusión que ya creía perdida.
Por eso mi querido lector, cuando todo lo crea perdido, en algún lugar del mundo lo están esperando, en algún lugar del mundo lo necesitan, simplemente para enseñarlo amar, para enseñarlo a vivir…
María de la Paz Valero Uceda