-¿Sabes dónde estoy?
-Yo ahora no puedo irme a correos y enviarte eso. Ni siquiera sé donde está.
-Lo envío y se acabó. ¡Es mi segundo día de vacaciones en dos años! Podrías respectar eso, escupí.
Habíamos recabado en una pequeña localidad salmantina, de camino a Oporto, Ciudad Rodrigo.
Localicé una librería, imprimí los documentos, los firmé y consulté la ubicación de correos.
-Está en el palacio de los Vázquez, tiene forma de barco, me dijeron, pero cuando me aproximé la forma de proa me hizo sonreír. Aquel pequeño palacio contenía la oficina de correos más bonita que hubiera podido imaginar. Ascendí por una escalera de piedra bajo la cual encontré hermosas escenas de caza en azulejo. Sobre mi cabeza un techo soberbio. En el interior el dorado de las letras en la cenefa me maravillaron, lo delicado de las vidrieras, la madera tallada y su techado, me sedujeron de tal forma que perdí la noción del tiempo y el espacio. La señora tras el mostrador me devolvió a la realidad.
-¿Puedo ayudarle?
-Quisiera enviar estos documentos y si pudiera me gustaría ver con más detalle las dependencias de éste palacio.
-La casa de los Vázquez es propiedad privada… se le notaba hastiada de repetir lo mismo una y otra vez a lo largo de años.
-Soy buscador de localizaciones cinematográficas y por lo visto he dejado de estar de vacaciones, cuando este pequeño tesoro y yo nos hemos enamorado.
Emma Pérez Mendez