Intentaba mirar al horizonte y no veía nada más que agua por todas partes. El Sol empezaba a desvanecerse en el horizonte y el cielo rojizo del crepúsculo nocturno era muy intenso. Estaba yo solo, en mi mente se mostraban mil y un pensamientos sucesivos uno tras otro. Quería pensar profundamente y a mi mente venían tantas ideas que era imposible concebirlas con sentido.
Llamaban a aquel banco “El mejor banco del mundo”. Desde luego lo era, aquel primor sin igual de Loira, mi tierra natal, había sido mi mayor fuente de inspiración siempre que quería quedarme solo con mis pensamientos. Ante mi persona sólo se extendía una inmensa masa de agua que me hacía sentir el rey del universo y príncipe del mundo, como si mi ser fuese sempiterno. Allí sentado, hablando solo, era como si en mi ser cobrase vida el mítico personaje de Forrest Gump.
De repente sentí que un pensamiento cobraba vida, era como si viese la luz que alumbraba mi camino. En un sólo instante todo lo tenía claro, mis dudas se disipaban, mis temores se desvanecían y mis plegarias al fin habían sido escuchadas.
-¡La quiero!, ¡La amo!
Miré a un lado y a otro por si alguien me había escuchado. No era normal que tuviese aquellos momentos de euforia pero la ocasión lo merecía. Después de aquello me fui a toda prisa, tenía claro de una vez por todas lo que quería ser y con quién quería serlo.
Manuel Vázquez Mourazos