Siempre me gustó la cama de mi madre, a veces me tumbo y brotan flores de mi garganta. Siento como si las palabras casi se escribiesen solas.
De noche me siento y apoyo la espalda en el cabecero y de repente me sorprendo llorando por todas las cosas que no pude llorar durante el día. Otras veces salto sobre el colchón y noto como la risa aparece, como un cosquilleo desde los pies hasta la campanilla y caigo rendida a carcajadas.
Si me siento sola agarro con fuerza las sábanas y dejo que su olor me acune, que me transporte a todos los lugares donde fui feliz.
Siempre me gustó la cama de mi madre, porque en esa cama mi madre escondió muchos sueños, lloró cuando supo que no tendría tiempo para realizarlos, pero a mí me regalo todos los segundos del mundo. Yo sé que en esa cama se esconde un universo, el suyo, y yo sólo quiero descubrirlo.
Iris Carrasco Campos