Hay lugares que van más allá de la propia imaginación y que, sin embargo, son absolutamente reales. Joyas de la naturaleza, vitales para el equilibrio medioambiental, cuya desaparición podría implicar que la famosa expresión ‘quedarse sin respiración’ se volviese terriblemente real.
Tal es el caso de la selva amazónica, el bosque tropical más grande del planeta. Un espacio natural, surcado por miles de ríos, que sirve de hábitat a innumerables especies, tanto animales como vegetales, incluyendo tribus indígenas de tradiciones milenarias. Un auténtico pulmón verde que agoniza, día tras día, fruto de la deforestación y los incendios, al tiempo que desde las administraciones competentes se mira hacia otro lado, permitiendo que la ambición desmedida de las grandes corporaciones agrícolas y madereras destruya esta verdadera joya natural.
Así pues, este sería mi rincón. Esta selva inmensa sin la cual a nuestro planeta, y más en un escenario de cambio climático global, se le haría mucho más difícil poder respirar.
Javier de Miguel Cerrada