Unas manos se detienen. Levantan una cámara, tratan de enfocar algo, precisan sostener el instante. El dedo de la mano derecha se mueve lentamente para capturar la imagen. Mientras ese dedo se desplaza, otros ojos, en uno de los catorce puentes que cruzan el río de Darro , enfocan la sonrisa de dos amantes. Intentan capturar el amor. Lejos de ahí, en uno de los barecitos, en medio de música y charlas, unos ojos, enfocan varias cervezas que brindan. Intentan capturar la amistad. En el suelo, en otro lugar, unos ojos enfocan los pasos, casi fúnebres, de los turistas que caminan por el Paseo de los Tristes. Intentan capturar el tiempo. Lejos pero no tanto, en un ambiente de reverencia, otros ojos enfocan tres pinturas morales sobre la pared. Intenta capturar la historia. Casi a unos metros, en medio de susurros, otros ojos, enfocan a una niña que no deja de mirar hacia arriba. Intenta capturar el asombro.
En ese segundo, lleno de enfoques y de intento. solo resulta una foto. Solo un intento es logrado.
Jacob Jiménez Cortés