Es de noche. Las paredes son tibias y suaves. ¡Claro que uno no cabe de pie! Habría que transformarse en aire y aprisionarse ahí como las letras; sujetarse con la fuerza del nudo que alguna vez sostuvo a la que me sostiene, con los versos dispares que aquí nacen y son del poeta cuna de sus besos.
Ahora, ella ha despertado, sin la mínima sospecha del intruso que en su ombligo se ha quedado.
Heriberto Calzada Medina