Si en algún lugar del mundo existe un rey de las garrapatas debería ser en mi patio. Si para cada especie debería existir un soberano pues creo que en mi casa está uno. Y es de pensarse por la cantidad de ellas, las planas que todavía no han crecido ni chupado suficiente sangre y las glotonas regordetas que guardan dentro líquido para un mes.
En un punto central del pueblo está mi casa y algún punto de ella debe gobernar el gran señor con su corona de pelos y su cetro de tierra apestada.
Aquí para que las tropas del monarca no asalten los oídos de los durmientes todos tenemos que dormir con los orificios taponados y si una garrapata se queda mucho tiempo pegada al flujo de una vena para arrancarla se requieren una grúa y una guaya.
Hay quienes se han desangrado luego de que se le haya extraído una de la piel del chorro que sale disparado.
A veces salen las tropas del rey a conquistar el mundo pero se encuentran con las huestes del rey de las cucarachas, de las serpientes o de los grillos y se inicia la guerra del fin de los tiempos cortos.
El viento también traslada batallones enteros de esas bichas, pero ya se acercan los soles de marzo, abril y mayo que queman en la llanura al más pintado, al pie de las alambradas. De seguro perecerá buena parte del ejército del pavoroso rey.
Fin.
Jorge Ávila.